jueves, 12 de octubre de 2017

LA AUTOESTIMA NO NACE, SE HACE

Hoy hace justo un mes que tuvimos la reunión de principio de curso y creo conveniente  volver a insistir en uno de los aspectos de los que hablé  con más pasión: la autoestima, puesto que considero imprescindible abonarla continuamente en edades tempranas.

El autconcepto y los pensamientos positivos son determinantes en la vida de cualquier persona. En  Infantil lo tenemos muy claro. Somos conscientes de que quererse a sí mismos es la manera más directa de alcanzar felicidad y bienestar.

Maslow (1943), en su Teoría Sobre la Motivación Humana, estableció una jerarquía de necesidades entre las que se encontraba en cuarto lugar la autoestima.





En cuanto somos padres sentimos la responsabilidad y el instinto de satisfacer las necesidades más básicas de nuestros hijos, las que están en la parte inferior de la  pirámide. Conforme los niños van creciendo nos exigimos el ser capaces de construir su autoestima y su formación intelectual. Elegimos colegio con la esperanza de que nos ayude a subir a nuestros  hijos a la cúspide de la pirámide para que sean capaces de alcanzar  su autorrealización plena. Pero, para que nuestras aspiraciones  lleguen a hacerse realidad, debemos conseguir que nuestros hijos se acepten y  quieran tal y como son.

Padres, familiares y maestros  influimos decisivamente en el autoconcepto de nuestros niños. Nuestras miradas, palabras y acciones van a repercutir directamente en la concepción que tengan de sí mismos. Somos nosotros los dueños de su propio afecto. Debemos trabajarlo con ellos desde que el niño tiene concepto de yo hasta su madurez.

Martin Ross, postula tres estados de autoestima: la derrotada, la vulnerable y la fuerte. En nuestro colegio apostamos por la fuerte. Pretendemos que nuestros alumnos se enfrenten a la vida con seguridad y confianza en sí mismos y les ayudamos a modelar su personalidad actuando de la siguiente manera:


1. Demostramos continuamente que el cariño que les tenemos es incondicional. 

2. Aumentamos sus responsabilidades desde Infantil, dándoles pequeñas tareas y demostrándoles con nuestra confianza que son capaces de cumplirlas.

3. Los escuchamos en nuestras asambleas, prestándoles realmente atención, mirándolos a los ojos, y olvidando otros quehaceres o preocupaciones.

4. Los corregimos con el verbo hacer, nunca con el verbo ser: “Lo que has hecho es una tontería”

5. Hablamos  de  ellos   positivamente   siempre   que   puedan escucharnos.  No etiquetamos.

6. Damos más importancia a cómo proceder en el futuro que a  recrearnos en lo que ya ha pasado y no ha gustado.

7. Evitamos compararlos  con sus compañeros, hermanos o con nosotros mismos a su edad. 

8. Procuramos que toleren la frustración y reconozcan sus propios errores para que  puedan llegar a superarlos.

9. Animamos una y otra vez:
"No te rindas. Tú puedes, yo lo sé, te conozco bien" 

10. Reforzamos y compartimos su alegría en cada uno de sus logros.

En el vídeo de esta entrada podéis leer los labios de los niños diciéndose a sí mismos: "somos los mejores" tras haber acabado una sesión de psicomotricidad que les supuso un gran esfuerzo. Podéis verlos, con tres añitos, con sus dedos levantados a modo de victoria, autoconvenciéndose de que serían capaces de superar una prueba de equilibrio a la que muchos de ellos se enfrentaban con miedo. No hay imágenes de la prueba porque hubo que estar ayudándoles, pero la superaron, y tanto que la superaron. "Querer es poder" ellos lo saben muy bien.




Os invitamos a que leáis La Autoestima de tu Hijo de Michelle Borba, a que no les exijáis más allá de sus capacidades y a que pongáis en práctica el decálogo que os hemos presentado para que construyamos juntos el autoconcepto positivo de nuestros niños. Garantizamos que será clave en la felicidad y en el éxito que todos les deseamos.

Sabemos lo que hacemos. Sabemos lo que queremos #Somospresentación

jueves, 20 de julio de 2017

LA ASIGNATURA DE LA FELICIDAD






Definitivamente la felicidad se aprende.

Practiquémosla y enseñemos con nuestro ejemplo la dicha de ser feliz.

No hay mejor regalo que contagiar con nuestra alegría a quienes tenemos al lado.

Deberíamos, al igual que hacen en Harvard, implantar la "psicología de la dicha" en nuestro currículo escolar. Pero, como es algo que se escapa de nuestra mano, vayamos sembrando a nuestra manera de forma interdisciplinar. 

Existen infinidad de manuales de autoayuda de psicología positiva, algunos de ellos imprescindibles como libros de cabecera. Yo me quedaría con "Optimismo aprendido" o "Auténtica felicidad" de Seligman, el que fuera Presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología y que es Director del Departamento de Psicología de la Universidad de Pensilvania, esa que yo tuve oportunidad de conocer hace más de una década y entre cuyas instalaciones llegué a sentirme tan feliz. Aunque, si aplico la fórmula de la felicidad de Seligman,


                                   F=G+C+V  
(Felicidad=
                genética50%+circunstancias10%+voluntad40%)


el nivel de felicidad aplicable al hecho de estar allí o la felicidad que siento ahora por estar en casa, se corresponde únicamente a un 10% de mi felicidad total. Ese porcentaje, más o menos exacto, atañe tan solo a las circunstancias. En lo que hoy quiero incidir es en la relevancia que el autor otorga a la "voluntad" porque, independientemente del porcentaje estadístico que le corresponda, creo sinceramente que nuestra felicidad depende en gran medida de nuestro deseo de alcanzarla. Deseemos, pues, la felicidad hasta la codicia. Tan solo con el anhelo profundo se llega a la meta.

Os dejo con las seis claves para lograrla que propone Harvard y  ¡A POR ELLA!